jueves, 19 de noviembre de 2009

Lectura del cuento "El pez y la serpiente".

Primer Encuentro Nacional Interuniversitario de Cuentistas "Octavio Robleto In memoriam"

 
Lectura del cuento "El pez y la serpiente".
Por María Dolores Álvarez Arzate.

 
Cierta tarde caminaba por la vereda hermosa de cocoteros que rodeaba el estanque al centro del edificio donde estaba alojada en Dacca, Bangladesh (1993). Disfrutaba con placer el agradable paisaje y respiraba su delicioso aroma a vegetación tropical. Presté atención al estanque en donde estaba un pez que miraba, con la agudeza de un gran guerrero, a una acechante y sigilosa serpiente de agua. Casi sin percibirlo, un ligero movimiento en el agua interrumpió la caminata. Me detuve. Poco a poco estaba iniciándose una intensa danza rítmica que agitaba llamativamente las aguas del apacible estanque.

En aquel suceder salvaje y violento de las cosas, el pez mostraba sus feroces dientes y trataba de hinchar su cuerpo al máximo en señal de ataque, mientras la serpiente dejaba de mover su largo cuerpo para concentrar el esfuerzo en lanzar su mirada tensa y agresiva frente al pez.

Lentamente la danza se transformó en un silencio estático que anunciaba la inminente lucha entre la vida y la muerte. Los cocoteros observaron con atención y dejaron de mover sus palmas. Las personas que caminaban por ahí también se detuvieron.

En nuestro asombro estábamos todos esperando un desenlace, mientras tanto, de aquel silencio interminable que agobiaba nuestros ánimos, empezó a surgir de nuevo el movimiento. El pez y la serpiente dieron al mismo tiempo un pequeño giro, uno frente al otro. Repentinamente, el pez atacó agresivo mordiendo la cabeza de la serpiente. Los cuerpos se estremecieron y vibraron. El pez apretaba sus mandíbulas con la fuerza de un tifón y la serpiente movía su cuerpo con la furia de un huracán...

Mi respiración se había paralizado, el corazón me latía lentamente, los ojos y oídos trataban de descifrar el destino de ambos...

Entonces sobrevino un silencio absoluto. El movimiento de las dos fieras había cesado. Mis ojos asombrados pudieron ver entonces algo extraordinario: la serpiente recuperó su movimiento mientras el pez se había convertido en una piel de escamas completamente vacía flotando inerte en las aguas ya tranquilas del estanque.

Poco a poco los cocoteros volvieron a mover sus palmas, las personas salían despacio de su estado de asombro, mientras tanto mi cuerpo se estremecía ante lo sorprendente de aquel hecho mítico, mágico, inesperado.

* Publicado en la Revista Cátedra No. 7/8. (1994). Facultad de Ciencias de la Educación. UNAN-Managua.
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