viernes, 6 de abril de 2007

Reflexiones sobre los conceptos de etnicidad e identidad urbana - Por Maria Dolores Alvarez

Reflexiones sobre los conceptos de etnicidad e identidad urbana
Por: María Dolores Álvarez - UNAN-Managua. 2004.

La reflexión es un principio sine qua non de la investigación científica, y de ello se desprende la necesidad de analizar retrospectivamente el trabajo teórico y su constante proceso de acercamiento a la realidad cada vez con mayor precisión y detalle. Tres enfoques nos brinda la ciencia contemporánea para abordar el tema de la etnicidad y la identidad urbana, el primero es la fenomenología de Husserl (1962) y Schutz (1964), quienes sustentan su trabajo en el estudio de la praxis social como reflejo de las configuraciones culturales que incorporan la acción sensorial-sensitiva, la actuación intencional y la actividad intelectiva racional. En cada configuración, son analizables diversos caracteres: personal, social, espacio-temporal, intencional, lingüístico, social, racional, creativo, personal, histórico, y ético en la actividad, aparte esa particular actividad que es la actividad científica. El segundo es la etnometodología de Cicourel (1964) y Garfinkel (1967) la cual trata de llegar a la construcción de estructuras del comportamiento humano, es decir, a sistemas explicativos que integren procesos y motivaciones, intencionales y funcionales, o patrones de conducta humana, individual o social, realidad que suele ser única e irrepetible, propia sólo de ese grupo humano étnico o institucional, pues, como dice Geertz (1983), quizá, el conocimiento “es siempre e ineluctablemente local” pero pudiera ser también generalizable. Si es o no generalizable, lo dirán otros estudios o investigaciones comparativos con otros grupos. Y el tercero es el interaccionismo simbólico sustentado por Blumer (1954, 1966, 1969) que trata de comprender el proceso de asignación de símbolos con significado al lenguaje hablado o escrito y al comportamiento en la interacción social, es decir, que trata de representar y comprender el proceso de creación y asignación de significados al mundo de la realidad vivida, esto es, a la comprensión de actores particulares, en lugares particulares, en situaciones particulares y en tiempos particulares. Los seres humanos actúan en relación con los objetos del mundo físico y de otros seres de su ambiente sobre la base de los significados que éstos tienen para ellos. Estos significados se derivan o brotan de la interacción social (comunicación, entendida en sentido amplio) que se da en medio de los individuos. La comunicación es simbólica, ya que nos comunicamos por medio del lenguaje y otros símbolos; es más, al comunicarnos creamos o producimos símbolos significativos. Y éstos significados se establecen y modifican por medio de un proceso interpretativo: “el actor selecciona, modera, suspende, reagrupa y transforma los significados a la luz de la situación en que se encuentra y la dirección de su acción…; los significados son usados y revisados como instrumentos para la guía y formación de la acción” (Blumer,1969).
Una vez expuesto los tres enfoques generales para abordar cada uno de los conceptos de etnicidad e identidad urbana se expone su base teórica general.

Etnicidad e Identidad Étnica.
El punto de partida para reflexionar sobre el concepto de Etnicidad lo propone Adams (1994) queda manifiesto al apoyarse en la definición propuesta por Crews y Bindon (1936) quienes afirmaban que: "La etnicidad es una construcción social y cultural que a menudo, si no es que siempre, es coextensiva a las características discernibles de un grupo de individuos. Estas características incluyen, aunque no necesariamente se limitan, al lenguaje, al estilo de vestirse y de arreglarse, a la religión, a los patrones de interacción social y a los hábitos alimenticios" .
Adams, toma en cuenta los factores culturales y los factores biológicos más usados en la vida común como la raza y la ascendencia. La base de su concepto de etnicidad reside en la ascendencia ya que: 1) El uso de un modelo de ascendencia permite a la gente prepararse a aceptar nuevos rasgos con ventajas adaptativas reales, tanto como descartar algunas otras (incluso algunas peculiaridades étnicas, si fuera necesario) sin renunciar a su identidad común, basada en la ascendencia. 2) Los grupos étnicos pueden fragmentarse o disolverse, pero siempre cuentan con una base común para volver a movilizarse, si ello fuere de utilidad. 3) La definición de ascendencia implica exclusividad e inclusividad. Es decir, que delimita quién pudiera ser un miembro y define también al otro, a aquellos que permanecen fuera y que pudieran ser vistos como amenaza o enemigo. 4) La ascendencia se puede definir en casi un número infinito de formas. Si alguna definición particular probara ser incómoda o desventajosa, se la podría cambiar por una más útil. 5) En tanto las etnicidades no necesariamente están asociadas al territorio, personas étnicamente relacionadas en diferentes partes del mundo pueden ofrecerse apoyo bajo diversas modalidades que van desde el moral, hasta el político o el material.
En el lenguaje común se identifica las diferencias entre los grupos poblacionales a partir de criterios como el fenotipo, la religión, el idioma, las costumbres y la relación con el entorno geográfico pero no siempre encontramos una asociación entre estos elementos y el concepto de etnia.
Los puntos de partida de Crews y Bindon, retomados por Adams, resultan de gran utilidad para delimitar la "frontera" entre lo que está dentro de una etnia y al mismo tiempo lo que está fuera. Se otorga importancia a la combinación de los factores culturales y a la identificación étnica a partir de la ascendencia y parentesco, deja así en segundo plano, el concepto del territorio.
La definición facilita la delimitación del concepto de etnia en tanto un individuo o grupo pueda pertenecer a un linaje o estructura de parentesco y de este modo incluir todos los tipos de mestizaje e hibridación. Permite también observar los cambios que se producen diacrónicamente en las costumbres y en las preferencias para contraer alianzas matrimoniales entre los migrantes de la primera y segunda generación, con independencia de su cultura de origen y de destino.
Los migrantes de la primera generación conservan memorias y vínculos sociales con los parientes de las generaciones precedentes que aún viven en sus lugares de origen, en tanto la cohesión de su etnia en el lugar de destino está más sólidamente arraigada a través de los lazos y redes sociales de solidaridad que se establecen entre las personas el lugar de destino. Por tanto, el vínculo con el territorio ya no es esencial para la identidad étnica ya que encuentran en otros elementos una base común de afinidad para volver a movilizarse.
El planteamiento teórico de Stanek (1994) propone analizar la etnicidad en dos caminos paralelos: por un lado, el esfuerzo organizativo de grupos de personas con resultados más o menos estables, denominada etnicidad primaria. Por otro, el esfuerzo de la construcción de una identidad de tipo pragmático con fines de sobrevivencia grupal e individual denominada etnicidad secundaria .
La sociedad nicaragüense ha experimentado en su historia reciente diversas modalidades de esta etnicidad secundaria, ya sea por motivos económicos, políticos, sociales e incluso debido a migraciones forzadas, y el impacto de los desastres naturales sociales que han afectado a nuestro país.
Para Castellanos (1988), la identidad étnica tiene como elemento diferenciador el hecho de que un grupo tenga formas de expresión y valores diferentes a los del grupo nacional mayoritario. Advierte con preocupación el peligro que significa el liderazgo a partir de los intereses de clase por encima de los intereses de la comunidad, especialmente cuando esto puede implicar alianzas comprometedoras con el Estado .
Más complejo se torna el análisis cuando valoramos lo que propone López y Rivas (1995) al considerar el factor histórico ya que las etnias son previas al surgimiento de las naciones . Desde esta misma perspectiva el desarrollo del capitalismo en su carácter totalizador tiende a someter bajo su lógica toda forma económica, social y cultural que impida su expansión. Esto provoca en muchos casos la resistencia de grupos étnicos y nacionales minoritarios . De aquí se deriva que, en un contexto en el que las formas tradicionales de integración se han debilitado, las identidades étnicas y nacionales devienen en formas que movilizan grupos numerosos .
Apunta López y Rivas que la historia de la nación está íntimamente relacionada con la de las clases y los grupos socioétnicos y nacionales que surgen y se conforman con el capitalismo. Afirma que las naciones son el resultado de las luchas de clase que emergen o se refuncionalizan con el capitalismo con dos propósitos centrales: hegemonizar su poder dentro de un territorio y establecer un papel propio en el sistema internacional de Estados nacionales .
Nicaragua se inscribe actualmente dentro de este tipo de Estados en donde la conciencia nacional y los sentimientos de pertenencia no necesariamente están identificados con el Estado nacional. De aquí al fuerza potencial que albergan en los grupos étnicos y movimientos populares que apuntan hacia la democratización en todos los planos de la vida nacional.
Por su parte, Yu Bromley (1986) sugiere el término de Ethnos como categoría asociada al término pueblo, es decir: "… aquel sentido de la palabra pueblo que se le da cuando se trata de los pueblos del mundo y con todo eso se presuponen, como regla, tales formaciones como tribu, grupo étnico, nacionalidad y nación". Otorga además la categoría de etnónimo a las formaciones que tienen una autoidentificación . Algunos ejemplos ilustran el enfoque de Bromley en cuanto al concepto de la autoidentificación utilizada en Nicaragua a partir de referentes como el origen geográfico en un sentido multidireccional entre pobladores y migrantes de la Costa Atlántica, del Centro y del Pacífico del país. En la Costa Atlántica se llama castillas a los mestizos del Pacífico y en el Pacífico se llama morenos a los habitantes de raza negra del Atlántico.
Define como etnos, a "un grupo estable de gente constituido en un territorio determinado..". . Este concepto no es aplicable a la realidad de América Latina debido a dos criterios centrales: 1) la imposición de la conquista y colonia, 2) la imposición de una cultura de dominación posterior que se expresa en las numerosas migraciones forzadas, divisiones artificiales de los territorios y exterminación selectiva de las etnias. A pesar de esto, algunas han podido conservar sus particularidades aunque lamentablemente otras están a punto de extinguirse o ya han desaparecido .
El aporte de Bromley a la discusión del concepto de ethnos y sus derivaciones se aprecia en la afirmación: "… durante su existencia cada etnos se somete prácticamente de modo permanente a cambios etnoevolutivos" . El autor lo ha descrito desde la óptica de la dinámica social, económica e histórica. Propone una formulación concreta para aquellos grupos que tienen autoconciencia de su existencia y al mismo tiempo se identifican por medio de un etnónimo no obstante su límite es que no advierte la posibilidad de cambios etnoinvolutivos.
En lo que se refiere a la relación entre grupo étnico y Estado-territorio Stavenhagen (1992) señala como elementos de diferenciación: la existencia de una estructura estatal, un Estado territorial, la lengua, la religión, la organización social, la cultura y la raza.
Desde su perspectiva la etnicidad está sujeta a cambios. La considera como uno de los principios básicos de integración social que se transmite de generación en generación y en donde la estructura del poder político tiende a diferenciar entre las etnias y las razas. De aquí que analice a las relaciones raciales e interétnicas como relaciones de poder más que relaciones de clase .
Es así como Stavenhagen retoma elementos de diferentes procedencias y trata de demostrar desde una perspectiva estructural el tema de la cuestión étnica.
Sin embargo deja expectativas acerca de la conformación de los Estados-territorios en zonas en las cuales ha existido dominio colonial ya que a la llegada de los colonizadores, los territorios ya han sido habitados previamente por una o más etnias y se les ha impuesto el modelo estatal como forma de opresión. Lo cual sí ha sido planteado por López y Rivas cuando aborda la temática de la conformación de las naciones donde habitaron etnias preexistentes.
En la argumentación de Díaz Polanco (1988) su atención está concentrada en la interdependencia de la etnia con un territorio inserto en un Estado nación y la relaciona con el concepto territorio-nación . Esta perspectiva presupone la supremacía del Estado como instrumento de poder de unas clases sobre otras. Aquí justifica con un argumento ideológico, la necesidad de la conformación de una monoetnia nacional en un territorio evidentemente multiétnico.
Tengo presente el ejemplo de la construcción artificial y forzada de la "etnia de los mexicanos" como un mecanismo mediante el cual el Estado ha tratado de despersonalizar las características étnicas individuales de los muy numerosos grupos indígenas en el territorio del Estado mexicano actual. Los acontecimientos de los tres últimos años dan lugar a intensas reflexiones sobre estos conceptos.
De este modo la propuesta de Díaz Polanco se presta a un debate altamente contradictorio ya que inscribe su análisis, sí y solo sí, existe un Estado nacional y no da pautas para la elaboración de nuevos enfoques en Estados o regiones dentro de los Estados multiétnicos, donde el reclamo de autonomía es una variante de la relación tradicional etnia-Estado en las sociedades de América Latina sin que esta autonomía implique una segregación con respecto a la nación inscrita en los marcos de referencia del modelo predominante en la actualidad: Estado-Territorio.

Identidad Urbana.
Complementario al concepto de etnicidad se aprecia una visión integradora en el concepto de identidad expresado por Aguado, J. y Portal, A. (1992). Ellos exponen que: "un grupo o una persona se reconoce como idéntico (similiar, semejante) a otro…, de adentro hacia afuera…", o bien cuando, "otro(s) identifican a un sujeto confiriéndole determinada cualidad…, de afuera hacia adentro" .
A lo largo de sus investigaciones ellos encontraron que "… no era posible comprender la identidad de un grupo sino a través de su ideología, en el sentido del conjunto de evidencias históricamente estructuradas que le dan identidad a un grupo y lo autoidentifican" .
Es claro que la identidad de un individuo se forma a lo largo de toda su vida y está constituida por un sistema de valores que lo hacen identificarse a sí mismo. También al mismo tiempo con un grupo, en consecuencia, el individuo se constituye como espejo de su sociedad al reflejar los elementos que él acepta de su cultura, es decir abarca su presente.
En el proceso de la construcción de la identidad, el individuo y los grupos están sujetos a tomar elementos de otras culturas, a crear valores propios y a conservar los adquiridos con anterioridad. De aquí la importancia de interpretar a los informantes a partir de los significados que ellos mismos dan a sus manifestaciones culturales urbanas y étnicas.
Cultura urbana y etnicidad, componentes intrínsecos a los individuos y a los grupos humanos que habitan en las ciudades.
En el camino recorrido para formular una base teórica en estudio de la cultura urbana y la etnicidad de los costeños y los pacíficos en Managua cabe destacar los siguientes puntos de referencia: Primero el estudio etnológico-antropológico de individuos y grupos pertenecientes a diferentes etnias permite elaborar análisis acerca de su cultura, su pertenencia étnica, sus aspiraciones, de lo que les es propio y de lo que les es ajeno, y de los valores materiales y espirituales que dan sentido a sus vidas y segundo, de aquí se puede valorar la importancia que tiene el hecho de considerar a los sujetos de investigación como intérpretes de los significados de sus propias culturas y manifestaciones cotidianas y como sujetos activos en los constantes procesos de conflicto y cambios en sus paradigmas.
En una realidad donde las constantes migraciones poblacionales provocan que los elementos culturales propios empiecen a encontrarse con los ajenos y en la medida en que éstos últimos tienen un sentido y utilidad concreta para la satisfacción de las necesidades básicas e intereses de los individuos y grupos humanos, entonces empieza un devenir entre aceptar o rechazar elementos propios y ajenos.
Esto da lugar a una mezcla de culturas, cuyo producto se puede interpretar como culturas híbridas. Este es el caso de los migrante que al cambiar de residencia se ven impulsados por motivaciones esencialmente económicas y de superación académica que sirven como pivote para generar agrupaciones para sobrevivir. Al mismo tiempo se incorporan a la vida de la ciudad, lentamente pierden su vínculo con sus comunidades de origen, y así pierden también algunos de sus rasgos culturales propios.
En el contexto social contemporáneo, la influencia de los medios de comunicación y el avance de la economía neoliberal ha invadido nuestra cultura con valores y paradigmas de distinto origen, motivación y más aún, de intenciones diversas.
Hoy en día, la globalización es ya un fenómeno perceptible que de una u otra forma interviene en la construcción de la cultura urbana. Esta influye sobre todo en la población joven a través de los mecanismos de propaganda y consumo los cuales, sutil y lentamente, imponen valores de culturas ajenas y dejan en segundo plano a la cultura original.
Al establecer una reflexión de síntesis sobre el concepto de cultura urbana, donde coexisten personas de diferentes culturas, etnias, clases sociales y razas, resulta práctico un razonamiento que considere a la cultura como instrumento de los grupos populares ya que de esta forma puede contribuir a resolver sus necesidades, particularmente de la calidad de vida tanto material como espiritual. Este planteamiento es especialmente útil para la elaboración de las estrategias de tipo político
Es válido en nuestra sociedad, considerar la existencia real de un concepto de lo propio y lo ajeno en cada individuo y de un grupo(s) con respecto a otro(s) y admitir que las diferencias forman parte inherente de la cultura misma.
En esta dinámica, la culturas cuando entran en contacto se transfieren de un grupo a otro y en ese proceso las nuevos modelos se aceptan, reinterpretan o rechazan. De igual forma surge la posibilidad de crear nuevas manifestaciones culturales como es el caso de la ropa, los peinados o los bailes, que le dan un toque distintivo a los costeños que viven en Managua.
El auto-reconocimiento de la cultura propia al igual que el reconocimiento de la autoestima individual y colectiva permite utilizar los componentes de la cultura y la personalidad en la creación de condiciones objetivas y subjetivas para desarrollar la capacidad de utilizar y decidir conscientemente sobre los elementos culturales.
Considero que la cultura es, por tanto, un concepto dinámico cuyo valor principal se encuentra en la medida en que ésta puede constituirse en un factor de movilización consciente e inconsciente en los grupos sociales tanto en los contextos urbanos como rurales.
Así como el autoestima eleva la capacidad de desarrollar las cualidades de un individuo o grupo, la autoidentidad permite tener una base sólida donde se puede constituir la etnia como factor de movilización política. Cabe entonces, la reflexión acerca de la etnicidad secundaria, en tanto ésta puede ser convertida en instrumento de lucha para lograr la satisfacción plena de las necesidades de cada grupo o conjunto social.
Ahora bien, en la medida en que se desarrolla la autoconciencia, aumenta la capacidad de conservar, reproducir y crear valores inherentes a cada grupo étnico, entonces es evidente la necesidad de reconocer la individualidad de cada manifestación cultural y étnica.
Por otra parte la ascendencia, biológica o social es útil como criterio en la definición de etnicidad en su doble papel de ser incluyente y excluyente pero no es criterio exclusivo ya que la etnia, como forma de organización social, está en capacidad de movilizar a sus miembros en función de intereses propios ya sea de autonomía, de clase social, o de intereses económicos, con una relativa independencia de los factores del parentesco.
La etnicidad como proceso diacrónico puede experimentar transformaciones en términos de raza los miskitos han vivido un gran mestizaje racial con chinos, ingleses y negros. Estos últimos eran en su mayoría descendientes de esclavos y fueron usados para sustituir la mano de obra de los indígenas en el período colonial.
En este proceso diacrónico también podemos apreciar en términos de lingüística a los nicaragüenses pertenecientes a las diversas étnicas que hablan miskito, garífona, rama, mayangna, o inglés criollo y que aprenden español como estrategia de alianzas e intercambio. Aprendizaje cuya función primordial en la actualidad es de carácter económico.
Éstos grupos étnicos han desarrollado la capacidad de identificarse a sí mismos como etnia a pesar de los cambios. En este plano los líderes naturales asumen un papel protagónico en la comunidad ya sea urbana, política, de género o religiosa (entre las más desarrolladas en nuestra ciudad) y llevan a cabo, quizás sin saberlo, la construcción de la etnicidad secundaria.
Ahora bien, la etnicidad secundaria, como instrumento de movilización de los grupos sociales, puede ser utilizada ya sea en favor, ya sea en contra de sus portadores. Por lo tanto, la reflexión y discusión bajo esta perspectiva incluye un compromiso ético y de respeto a las características y necesidades de cada grupo en cuestión.
En Nicaragua el concepto de Estado nación ha sido construido bajo los parámetros occidentales, en un territorio habitado por varios grupos étnicos preexistentes. La debilidad con que cada Gobierno ha dado atención a esta problemática, ese aparente "desinterés" es reflejo de la intención hegemónica del Estado para limitar la autonomía y la identidad propia de los individuos o de los grupos étnicos que habitan nuestro territorio nacional en tanto son vistos como una amenaza a la "estabilidad" con que desean ejercer su poder político .
La cultura urbana es la forma de manifestación social de los grupos humanos que viven en las ciudades, los cuales se organizan constantemente para satisfacer sus necesidades, materiales y espirituales. La diversidad cultural de Managua es producto de los procesos históricos y sociales vividos por estos grupos hasta el día de hoy con la peculiaridad de que los cambios se suceden a una velocidad vertiginosa.
La identidad étnica minoritaria tiene como elemento diferenciador el hecho de que un grupo tenga formas de expresión y valores diferentes a los del grupo nacional mayoritario. En esta manifestación la etnicidad secundaria puede actuar en función de los intereses auténticos de los grupos étnicos. El liderazgo a partir de los intereses de clase en el seno de un grupo étnico pone de manifiesto el peligro que significa movilizarse por encima de los intereses de la comunidad especialmente cuando esto puede implicar alianzas comprometedoras con un Estado adverso al reconocimiento de la autonomía y de la existencia de la diversidad étnica.
El concepto expuesto por Geertz (1987), sugiere que el estudio de la cultura es: la búsqueda constante de significaciones y su correspondiente interpretación . El concepto considera a los sujetos de investigación como protagonistas de los significados de cada elemento de su propia cultura .
Esta perspectiva, no solo de carácter semiótico, sino también de carácter ético, motiva a guardar un profundo respeto por la interpretación que cada individuo da a cada fenómeno de su propia cultura y alerta acerca de posibles interpretaciones etnocentristas tanto en su expresión cultural como clasista ya que reconoce a la sociedad como sujeto activo en la elaboración de su propia noción de cultura.
Otro punto de vista para el análisis lo propone Bonfil Batalla (1984), al afirmar que el individuo y su grupo tienen poder de decisión sobre los elementos culturales, entre ellos: "materiales…, de organización…, de conocimiento…, simbólicos…, y emotivos" . El problema está definido en términos de relaciones entre grupos sociales, en donde la dialéctica del control cultural no se establece entre lo mío y lo tuyo, sino entre nuestros y de los otros. Propio y ajeno tienen para él una connotación social, no individual, luego entonces la cultura es sobre todo de carácter social.
Particularmente importante es valorar el poder de decisión que se tiene con respecto a los elementos culturales ya que no siempre se cuenta con las posibilidades de elegir. Si pudiésemos decidir sobre el idioma entre el materno y el oficial posiblemente aún conservaríamos el nahuatl en el Pacífico ya que la imposición del idioma español favoreció la extinción de las lenguas indígenas y amenaza con seguir haciéndolo con las que aún existen como el mayagna y el rama en el Atlántico.
La dinámica de control cultural relacionada a la voluntad que tienen los grupos sociales para producir, usar y reproducir su valores derivado de la asociación o exclusión de elementos ofrece cuatro opciones para sistematizar el estudio de sus posibilidades: cultura autónoma, cultura impuesta, cultura apropiada y cultura enajenada, de acuerdo a la propuesta de Bonfíl Batalla .Desde este enfoque el ámbito de la cultura autónoma y la cultura apropiada conforman el universo de la cultura propia . Queda entonces fuera de este universo la cultura impuesta y la cultura enajenada o lo que podríamos llamar cultura ajena.
Organizadas así podemos apreciar que las variaciones consisten en la ponderación que cada grupo social otorga a ésta capacidad de decisión en donde coinciden de manera general los intereses de ellos mismos.
Producto de ello podemos apreciar que la cultura propia se puede analizar a través de cuatro procesos básicos: resistencia de la cultura autónoma; imposición de la cultura ajena; apropiación de elementos culturales ajenos sobre cuyo uso puede decidirse aunque no esté en capacidad de producirlos y reproducirlos automáticamente; y enajenación como pérdida de la capacidad de decisión sobre elementos culturales propios.
Con este aporte Bonfíl conduce expresamente a reconocer la facultad de cada grupo para crear elementos culturales propios especialmente manifiesto en los contextos urbanos lugar donde confluyen numerosas vertientes de cultura y etnicidad.
El enfoque propuesto por Stavenhagen (1984) toma como base la idea formulada por el relativismo cultural que considera: "... la cultura es un conjunto de actividades y productos materiales y espirituales, que distinguen a una sociedad determinada de otra". Por consiguiente la función de la cultura estará relacionada al concepto de que "todo elemento cultural es el resultado de una dinámica social específica y responde a necesidades colectivas. La cultura entendida de esta manera es la respuesta de un grupo social al reto que plantea la satisfacción de las necesidades básicas que tiene toda colectividad humana" .
En su definición Stavenhagen subraya varios criterios de análisis: a) la cultura como proceso colectivo de creación y recreación, b) la cultura como herencia acumulada de generaciones anteriores, y c) la cultura como conjunto de elementos dinámicos que pueden ser transferidos de grupo a grupo y en su caso aceptados, reinterpretados o rechazados por grupos sociales diversos. Que perfectamente podemos complementar con la producción, uso y reproducción propuesta por Bonfíl Batalla.
El análisis se vuelve harto complejo cuando Stavenhagen combina la perspectiva macro y micro regional con la perspectiva de las diferencias de clases. Corresponde a cada individuo una mezcla de culturas que acumula elementos de uno y otro origen tanto étnico como clasista y surge el dilema entre cultura de elite, cultura de masas y cultura popular.
Es claro que la cultura de elite corresponde a los parámetros y valores establecidos por la clase dominante en cualquiera de los niveles sociales posibles. La cultura de masas es la forma en que éstos hacen llegar sus mensajes de dominación. Las clases dominadas juegan un papel pasivo de consumidores y con ello son receptoras de una serie de valores que facilitan la dominación.
Afirma Stavenhagen que la cultura popular es producto de un cúmulo de experiencias basado en la creación, la organización social y los conocimientos empíricos que se transforman en tradiciones populares . En las ciudades la cultura popular adquiere su tonalidad propia en la medida en que los factores ambientales de conjunto: geográficos, ecológicos, de modernidad, económicos, políticos y sociales, se relacionan recíprocamente con el modo de vida de la población.
En este sentido Stavenhagen expresa que el modelo cultural alternativo es una forma de rescatar, recuperar y transformar la cultura popular en una herramienta de las clases y etnias populares para defender su identidad, fortalecer su conciencia y reafirmar sus conceptos acerca de la diferencia .
Este criterio lo podemos apreciar claramente cuando se trata de identificar las acciones que los pobladores urbanos asumen como propias para manifestar sus diferencias con respecto a la cultura de elite. El uso de formas lingüísticas codificadas conocidas en Nicaragua como escaliche que se usan en la jerga popular: jama equivale a comer o comida, tamal equivale a ladrón, chante equivale a casa, yunta equivale a amistad cercana, breti equivale a trabajo, bufalada equivale a bien, bueno o bonito, a las cuales podemos agregar un sinnúmero de palabras.
En Nicaragua las clases populares están en constante búsqueda de lo propio, de lo auténtico. La capacidad creativa es muy rica, especialmente en el humor popular expresado en la entereza moral y espiritual para enfrentar las adversidades: terremotos, huracanes, erupciones volcánicas, maremotos, guerras y así sucesivamente.
En cuanto a los mecanismos culturales a los que recurren familias que han migrado a las ciudades se observa en algunos casos la necesidad de crear expresiones exacerbadas de su cultura original con dos funciones básicas: proporcionarse a sí mismos y a las generaciones sucesivas una memoria histórica sobre su lugar de origen, y que al mismo tiempo les otorgue un sello distintivo con respecto a los grupos que han nacido y vivido siempre en el lugar donde los primeros han fijado sus destinos .
En otro ámbito, alrededor de la discusión sobre la modernidad y la posmodernidad García Canclini (1989) sugiere el estudio de las culturas a partir de su condición de híbridas en tanto coexisten culturas étnicas y nuevas tecnologías . La mezcla y sincretismo de estas culturas da lugar a unas nuevas y extrañas formas de cultura.
G. Canclini relaciona atinadamente los procesos mediante los cuales una etnia puede incorporar los cambios modernizadores inclusive la incorporación a la sociedad nacional, que convergen sincréticamente con diversas modalidades de cultura urbana y masiva, resultando en la existencia híbrida de lo popular . En naciones con una composición multicultural y pluriétnica como la nuestra surgen abiertas contradicciones ya que esa incorporación a la sociedad nacional mencionada por G. Canclini implica pasar por todo un proceso de discusión acerca de la Autonomía Regional y definir el papel del Estado en esta problemática .
En su argumento sobre las culturas de frontera, G. Canclini relaciona los avances de la modernización con la pérdida de la relación exclusiva de las culturas con el territorio y simultáneamente la ganancia de éstas en comunicación y conocimiento .
Pienso que a pesar de esta "ganancia", la sustitución de algunos elementos culturales modernos provoca pérdidas irreversibles particularmente graves cuando se olvidan conocimientos empíricos en los secretos de la medicina popular tradicional y cuando se toman como propios algunos antivalores como la violencia o el consumismo.
Los cambios como vemos, se efectúan constantemente en el mundo y la sociedad contemporánea. Viene a mi memoria la imagen de la gran cantidad de objetos utilitarios de plástico que se usan ahora en las comunidades rurales o la presencia de los electrodomésticos en viviendas donde ni siquiera hay agua potable o vías de acceso y comunicación.

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De la autora.
María Dolores Alvarez Arzate (1959). Toluca, Estado de México. Nicaragüense. Licenciada en Ciencias Sociales en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (1992). Maestría en Antropología Social en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (1997).
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