viernes, 6 de abril de 2007

Patriarcado en Nicaragua - Por María Dolores Álvarez

Patriarcado en Nicaragua
Por María Dolores Álvarez Arzate. Antropóloga - Etnóloga[1]. 2000.

Introducción.
Para iniciar el estudio del patriarcado en Nicaragua, es importante conocer algunos elementos conceptuales que nos apoyen en la comprensión de sus implicaciones en la vida cotidiana. Por un lado tenemos la pertenencia individual a un sexo biológico y por otro, la configuración de unas ciertas conductas y características que construyen una concepción social de género, la cual implica la asignación de roles para hombres claramente delimitados de los roles para mujeres y consolida la visión que tiene cada cultura acerca del papel que juegan la vida sexual, reproductiva y de relaciones sociales de cada individuo.

Luego entonces, la potencialidad de cada individuo y su desarrollo real estará estrechamente ligada a las oportunidades o restricciones que le correspondan según el rol de género que le asigna su grupo social. Así tenemos que en Nicaragua, mientras los hombres están socialmente predeterminados a ejercer el patriarcado, las mujeres lo están para ejercer roles de sumisión social ante ese patriarcado, ejercido por su padre o por su esposo, o por los hombres que ostentan algún tipo de poder ante ellas, lo que les resta posibilidades de alcanzar espacios de participación autónoma, independiente y activa en la vida social, profesional e incluso individual.

El estudio del concepto de patriarcado, aspira a crear conciencia de las asimetrías y las implicaciones que tienen las diferencias en la asignación social de roles de género, y busca una visión más amplia que tienda al fortalecimiento de conceptos como la equidad, el respeto y la tolerancia ante las diferencias, el fortalecimiento de la autoestima y autovaloración de las capacidades que tenemos tanto hombres como mujeres en la sociedad nicaragüense.

El Patriarcado

La construcción social del varón, y de la mujer, es el resultado de un complejo proceso de culturización del individuo, que empieza prácticamente desde su nacimiento. Es muy sencillo comprobar, como en la elección de los colores y diseños para la ropita del hijo o hija, estamos asignando roles de género, rosadito a la niña, celestito al varón.

En la construcción social del varón, tal como afirma Márques[2], "por una parte, se reducen las diferencias personales potenciales entre los individuos varones, tratando de uniformizarlos en torno a un modelo de sujeto masculino; por otra, se trata de aumentar las diferencias que todos los varones podrían tener con las mujeres, sometidas a un proceso semejante de reducción de diferencias individuales y homogenización en torno a un modelo de sujeto femenino".

A través de la historia oral y las tradiciones encontramos algunos rasgos del período prehispánico que aún prevalecen en la vida cotidiana de los diversos grupos culturales de Nicaragua, dentro de ellas tenemos la gran importancia de la familia como núcleo básico de la sociedad y el papel de autoridad moral que ejercían los ancianos, y los chamanes o curanderos, hombres y mujeres, porque la autoridad era ganada mediante los méritos, la valentía, la habilidad y en este sentido no había distinciones.

Más adelante, durante el período de la conquista los cronistas nos relatan sobre mujeres y hombres dedicados a los trabajos de la tierra y los cultivos, vestidos con hermosos textiles y plumas, y poseedores de enormes riquezas en oro, plata y piedras preciosas. Sin embargo la codicia de los conquistadores se convirtió en el saqueo sistemático, la obligación de los tributos, y la imposición de duras jornadas de trabajo que llevaron al exterminio masivo de los indígenas. En este período las mujeres fueron obligadas a servir sexualmente a los conquistadores y fue así que miles de mujeres, en resistencia a los abusos cometidos tragaban su lengua hasta asfixiarse con el fin de no dar a luz a hijos de los españoles. Sin embargo, con el paso del tiempo se fue dando el mestizaje y con ello la imposición del modelo patriarcal de los conquistadores.

Esta Nicaragua mestiza consolidada durante el período colonial es el resultado de este proceso de imposiciones culturales, en donde el estatus y los roles sociales estaban claramente segmentados: castellanos, criollos, indios, mestizos y negros, que eventualmente habían llegado a Nicaragua, y por supuesto, en donde no todos los habitantes tenían igualdad de derechos. Los sectores que podían tener acceso al poder y al goce y disfrute de los bienes eran en primera instancia los castellanos y los criollos, los cuales estaban al servicio de la Corona Española.

A partir de 1821 con la firma del Acta de Independencia de Centroamérica y posteriormente con la independencia de las Repúblicas se da inicio al periodo independentista. En las primeras constituciones de Nicaragua se establecen deberes y derechos para los ciudadanos de Nicaragua que aún estipulaba diferencias, por ejemplo en la Constitución Política de 1826 se requiere entre otros de que el ciudadano tenga alguna propiedad, o ejerza alguna profesión, y no se hace mención con respecto a la mujer.

Con la Revolución Liberal de Zelaya se marca un giro en la política interna y externa de Nicaragua. En sus dos constituciones se manifiestan ampliaciones en los derechos, tal es el caso de la llamada “Libérrima” en donde se establece el derecho al voto y elegibilidad a los ciudadanos que cumplan con los requisitos de edad y que sepan leer y escribir, en el caso de la llamada autocrática, se define únicamente el criterio de edad. No se menciona en ninguna de estas dos Constituciones la postura frente a la mujer.

La sociedad nicaragüense evoluciona en sus aspectos formales y ejerce desde distintas perspectivas una presión fuerte para incorporar a las mujeres en el ejercicio de los derechos ciudadanos. Lo podemos observar comparando algunos elementos de las Constituciones Políticas y sus reformas, dictadas durante el período de la Dictadura Somocista. Encontramos que en su Constitución de 1939 consignan que la mujer queda exenta del servicio militar y en cuanto al voto activo –de la mujer-, la ley determinará cuando ha de ejercerlo[3]. Más adelante, en la Constitución de 1948 se escribe que la ley determinará cuando la mujer podrá ejercer el voto activo[4]. La Constitución de 1950 menciona que la mujer ejercerá el sufragio activo de acuerdo con la ley que se dicte en la materia, limitando de hecho su capacidad de ejercicio de derechos ciudadanos. Aquí merece especial atención la Reforma a la Constitución del 20 de abril de 1955 que al suprimir los párrafos restrictivos con respecto a los derechos de las mujeres demarcados en la Constitución de 1950, deja libre el camino para la participación plena de la mujer como ciudadana.

Profundos cambios en la política nacional llevan adelante el proyecto de la Revolución Popular Sandinista que en su Carta Magna[5] establece la igualdad incondicional de todos los nicaragüenses en el goce de sus derechos políticos, en el ejercicio de los mismos y en el cumplimiento de sus deberes y responsabilidades y consigna que existe igualdad absoluta entre el hombre y la mujer.

Afortunadamente los espacios ganados en el ámbito jurídico encuentran bases sólidas para legitimar la igualdad de derechos y deberes de hombres y mujeres en Nicaragua, sin embargo, todavía es necesario desarrollar conciencia alrededor de las costumbres y la cultura, reflexionemos conjuntamente al respecto.

Por ejemplo, en nuestra vida cotidiana, podemos observar que, a pesar de que la sociedad se esfuerza constantemente en marcar la homogeneidad entre los individuos del mismo género y destacar las "grandes diferencias" entre varones y mujeres, en la vida diaria encontramos que entre personas del mismo sexo existen notables diferencias y por el contrario, encontramos notables coincidencias con respecto a personas del otro sexo.

Algunos conceptos nos pueden ayudar a comprobar la multidireccionalidad de las diferencias, entre ellos tenemos: agresividad, fuerza, destreza, habilidad, la capacidad intelectual, la sociabilidad. ¿Entonces, cuál es la norma de la diferencia?: la construcción social de la categoría de género a partir de su sexo, que se transmite de generación en generación y cuya una fuerza social es indiscutible.

La sociedad patriarcal considera que ser varón es ser importante lo que implica, por simple oposición, que ser mujer es no ser importante. "En el proceso de socialización diferenciado que recibe el recién nacido señalado como varón, lo fundamental es que el sujeto asuma la importancia de serlo"[6]. Por tanto, lo dicho y hecho por varones se tendrá como criterio de autoridad, de verdad, de validez, en cambio a las mujeres no se les tomará en cuenta y cuando eventualmente se hiciera, se le mantendrá como un criterio secundario e irrelevante.

Todo individuo varón, afirma Marqués[7], parece haber sido informado de la importancia /superioridad de serlo a través de los siguientes procesos: captación de la atención e importancia del padre en el grupo doméstico; percepción del orgullo materno de haber dado a luz un varón o incluso de haberle dado un sucesor al padre; probable trato preferente sobre las hembras; refuerzo sexual de todo lo positivo que realiza; alternativa de ser sobreexigido por ser hombre y ser disculpado reverencialmente por serlo; captación a través de las personas próximas, familiares o no, de la importancia de los varones y de la mayor pluralidad y vistosidad de las ocupaciones de ellos; percepción, a través de los medios de comunicación, de que los roles interesantes, protagonistas, de mando o supervisión, importantes, son desempeñados por hombres.

En este proceso, que más tarde es reafirmado en la escuela, en el barrio, con los amigos, el varón reafirma "la importancia de ser importante" a partir del rol masculino. De esta forma el varón se refugia en la "suerte" de serlo para minimizar y consolarse de sus miserias y en forma contradictoria vive eternamente angustiado por alcanzar el brillo y la trascendencia de otros varones, que él como ser común no logra alcanzar[8].

El conflicto se transforma en ser ya importante y tener que ser importante, lo primero es gratificante y estimulador pero lo segundo es inquietante y empuja al varón hacia la angustia o hacia la represión sobreprotectora de las mujeres y los niños, ya que como mínimo debe ser capaz de proteger, alimentar y orientar a una mujer y a los hijos "que la mujer me dé".

Otro aspecto interesante, es que el patriarcado promueve el agrupamiento de los hombres en grupos de amigos, lo que les permite un intercambio intenso y fluido de informaciones acerca de cómo reforzar su condición de masculinidad patriarcal; ámbitos, que no está de más señalar, están totalmente proscritos para las mujeres.

De esta forma, podemos observar cómo la asignación de roles que el patriarcado le da a las mujeres, siempre está en un plano de segunda categoría. Mientras le asigna rol a la mujer en tanto necesita de obtener de ellas ciertos servicios específicos como los domésticos, sexuales, o eventualmente de consuelo, por otra parte, la necesita como una forma indirecta de relacionarse con otros varones mediante la posesión y ostentación de mujeres.

Ahora bien, en cualesquiera que fueren las circunstancias, hoy en día el varón se ve "obligado" a tratar con mujeres, cada vez con menos asimetrías, y se enfrenta a diario con relaciones de "tú a tu" que le producen angustia y pánico de sus roles patriarcales.

Ante el avance de la mujer en su presencia como actora de cambio, de reconocimiento y prestigio social, producto de complejos procesos que acompañan la historia reciente, el patriarcado, en forma muy sofisticada ha modificado su discurso hacia la mujer, subiéndola del peldaño de la inferioridad al peldaño, no menos inferior, de la complementariedad.

El patriarcado la ve desde "él superior" hacia "ella complemento", y no como una relación de equidad, sino como una continuidad de la asimetría. Dicho en términos de las matemáticas podríamos decir que el patriarcado está pensando en: Varón más Mujer igual a Varón completo, cuando la equidad, nos dictaría una fórmula diferente: Varón más Mujer igual a Pareja o Unidad Superior.

Afortunadamente, el territorio ganado por mujeres en los ámbitos sociales abiertos como el ejercicio profesional, las artes, la organización, la participación en la política, el gobierno, la economía, y de la vida íntima como las responsabilidades sobre la vida sexual, la procreación y las tareas domésticas, han ido sentando bases para un necesario reconocimiento de la mujer, como mujer capaz, que bien interpretado y defendido nos acerca a unas relaciones con mayor equidad de género.

La autonomía de las mujeres

Como hemos visto, la sociedad patriarcal asigna a las mujeres roles de segundo orden, menos importantes, complementarios. Ahora, necesitamos plantear cómo llegar a la equidad de género, reconociendo en la mujer capacidades, potencialidades, y necesidades como seres humanos.

La autonomía es una de las claves principales[9]. Hay que reconocer que hay diferencias entre independencia y autonomía. Las mujeres pueden ser independientes pero no necesariamente autónomas. La autonomía para que tenga validez debe ser reconocida socialmente, y se construye sobre la base de los procesos sociales vitales, económicos, sexuales, psicológicos, culturales, de nuestra concepción del mundo, de los conocimientos y saberes, de la ética, de los aspectos normativos de la vida, de las leyes y las costumbres, de la estética, de las experiencias lúdicas - divertidas, y de la política.

Los espacios vitales de la autonomía de las mujeres los encontramos en nuestro padre, nuestra madre, nuestra familia, nuestra pareja, en las amistades, en la escuela, y en las organizaciones, de todo tipo. La autonomía tiene como centro de su fuerza la libertad, de elegir, de ser, de sentir, de dar - recibir, de soñar.

Así pues, el patriarcado asigna roles de género a las mujeres colocándolas en inferioridad, entonces ahora pensaremos un poco en descubrir los mecanismos utilizados y algunas ideas para formular la autonomía de las mujeres.

La construcción de los nuevos espacios requiere de unos ciertos esfuerzos por reconocer los valores y las potencialidades de las mujeres. Algunas de las ideas más gratificantes, están ligadas al reconocimiento de una historia propia, todas las mujeres tienen un "algo especial" que las ha llevado a alcanzar los espacios en los que se desenvuelven, pero también eso tiene una historia, una genealogía, en las madres y en las abuelas, tanto hombre como mujeres seguimos, modificamos o rechazamos sus pasos, siempre son nuestro referente más inmediato, nuestra guía positiva o negativa de la condición de género socialmente asignada.

Algunos principios importantes a tomar en cuenta en el desarrollo hacia esa autonomía de la que venimos hablando es que las mujeres sean capaces de reconocerse a sí mismas en su belleza, en sus cualidades, eso quiere decir que una mujer que quiere ser contemporánea se preocupa de sí misma, de su aspecto personal, de su relación de autoestima y de reconocimiento, de autovaloración de una misma y de las otras.

También es valioso reconocer que el trabajo de las mujeres es valioso, trabajar es una cualidad positiva, y disfrutar del fruto del trabajo un derecho ganado. Por ejemplo es bueno preguntarnos ¿en qué ocupan las mujeres los recursos que obtienen del trabajo?, es frecuente que respondan: en la comida, en los hijos, en la casa. Entonces, ¿qué pasa con ellas mismas, con su autoestima?

Eso nos hace pensar que es necesario que las mujeres aprendan a disfrutar del los bienes materiales y simbólicos producidos por el trabajo con legitimidad, sin temores ni vergüenzas, y sobre todo, aprender a disfrutarlo, de tener tiempo y espacio para reconfortar el cansancio y acercarse a los seres queridos, esposos, hijos e hijas, amigas, amigos, colegas.

Como referentes en la búsqueda de la mujer contemporáneos dice Marcela Lagarde[10], es importante retomar algunos criterios que pueden convertirse en una especie de código de ética de las mujeres.

No ponernos en riesgo; no autodisminuirnos; no ponernos en segundo plano; no colocarnos en la sombra; no subordinarnos automáticamente; no servir; no descalificarnos; no autodevaluarnos; no menospreciarnos; no despreciarnos; no hacer el consenso a la autodestrucción del yo; vivir con la lógica y el beneficio de la ganancia para una misma, o sea, ser egoísta; hacer una nueva estética afectiva.

Conclusión

El patriarcado en Nicaragua es un hecho histórico que es necesario deconstruir para formular unas relaciones de género en equidad en todos los ámbitos de la vida social, cultural, política y económica del país.

Cualquier paso hacia el desarrollo nacional requiere del esfuerzo común, y nos interesa especialmente propiciar la formación, y educación de las nuevas generaciones de nicaragüenses capaces de enfrentar los retos del futuro con una conciencia más plena sobre los derechos humanos, el medio ambiente y las relaciones de género.

Finalmente quiero reflexionar con ustedes que, el dulce de la autonomía de la mujer contemporánea, cada avance en la equidad y la autonomía, esta aderezado con lágrimas, tristezas, frustraciones y desencantos en la vida de las abuelas, de las madres, de las hermanas, de las amigas, y son sin duda el ingrediente de fuerza que da a las mujeres una nueva perspectiva sobre la cual educar a las herederas y herederos de su concepción cultural y social de los roles de género.


7 de Agosto de 2000.





[1] Programa Universitario de Género. Programa de Antropología.
[2] Márques, Josep-Vincent. Varón y Patriarcado. En Revista ISIS Internacional No. 24, 1997.
[3] Constitución Política de Nicaragua, 22 de Marzo de 1939, Arto.30.
[4] Constitución Política de Nicaragua, 22 de Enero de 1948, Arto.30.
[5] Constitución Política, 9 de Enero de 1987.
[6] Ibíd.
[7] Ibíd.
[8] Imaginemos lo angustioso que debe ser para un varón, estar tratando de ser agresivo como Napoleón, fuerte como Tarzán, conquistador como Juan Tenorio o Alfonso Palomino, además de ser famoso como algún científico, escritor, poeta o empresario.
[9] Lagarde, Marcela. Claves feministas para el poderío y la autonomía de las mujeres. Managua, 1997.
[10] Ibíd.
Publicar un comentario en la entrada