sábado, 31 de marzo de 2007

Etnografía de la Región de Las Segovias, Nicaragua - María Dolores Álvarez

Etnografía de la Región de Las Segovias, Nicaragua
Por María Dolores Álvarez
2006.

La Región de las Segovias es un espacio claramente delimitado de manera natural por su relieve e hidrografía. Los períodos de ocupación siguen siendo hasta hoy un tema de investigación. Por las evidencias paleontológicas, arqueológicas, los registros coloniales y los documentos más recientes tenemos evidencias de un largo proceso durante el cual se acrisola la cultura actual.
Los límites naturales, que coinciden con las zonas de ocupación de los pueblos que la han habitado, se conforman hacia el Oeste a partir del declive que delimita el triángulo montañoso terciario con la extensa planicie cuaternaria de la llanura costera de Océano Pacífico, cuya frontera se encuentra en los municipios de San José de Cusmapa, San Juan de Limay y Estelí. En el Sur el límite también esta demarcado por el declive de las montañas de lo que actualmente son los municipios de San Nicolás y La Trinidad y colindan de manera directa con los valles de Sébaco en Matagalpa y El Sauce en León. Hacia el Este dichos límites naturales están demarcados por el los valles fluviales que limitan con las elevaciones de La Concordia, San Sebastián de Yalí, Wiwilí-Jinotega y Jinotega. Y, finalmente hacia el Norte, la demarcación natural está dada por los mojones localizados en las elevaciones de Mozonte, Dipilto, Jalapa y en el río Coco -también llamado Segovia o Wangki-.
Este es el ámbito natural donde se desarrollan los pueblos y las culturas. Esta región, por su origen geológico terciario y la presencia de zonas montañosas le ha brindado el privilegio de contar con minerales, lo que explica la presencia de metales, jaspe, marmolina, en los objetos y lítica encontrada en las investigaciones arqueológicas. Algunas minas de oro existieron en San Albino, La Grecia, Limay, Yalí y Murra. Se registran fuentes de agua termal como producto de la actividad tectónica en Teotecacinte. También, durante la era terciaria, se presume la existencia de lagunas de agua dulce en lo que hoy son los valles de Jalapa, Miraflor-Moropotente, San Juan de Limay, Pueblo Nuevo y Estelí. Algunas evidencias se registran en la presencia de zonas de calcáreas y el hallazgo de megafauna registrada a través de restos paleontológicos en las localidades de Jalapa, La Mía, El Carbón, El Bosque-Pueblo Nuevo, El Jocote-Estelí, Sitio El Dorado, Sitio La Virgen y en el casco urbano de Estelí en el Barrio Juno Rodríguez.
Los registros arqueológicos plantean diversas hipótesis sobre el poblamiento de la región. El indigenista Dávila Bolaños afirma en la publicación póstuma Nicaragua Prehispánica, (1990) que las toponimias y restos arqueológicos dan prueba de la presencia de pueblos sumu y matagalpa los cuales eran los más importantes y que posteriormente tuvieron contacto con migraciones de nahoas provenientes de México y chorotegas de Cholula.
Nuevas evidencias que reafirman lo dicho por Dávila Bolaños se encuentran referidas por el arqueólogo Bayardo Gámez en su obra. Registro Arqueológico de los petroglifos de la cuenca del río Estelí (2003). Se pueden encontrar en materiales arqueológicos que dan cuenta del cultos solares y a la serpiente emplumada encontrada en Las Pintadas-Estelí, El Chorro-San Juan de Limay, Las Minas de Las Ánimas-La Trinidad y La Sirena-San Juan de Limay.
Los restos materiales dan prueba de un alto desarrollo tecnológico, que se puede apreciar en el arte monumental, como es el caso de grandes rocas grabadas en La Virgen-Pueblo Nuevo, El Chorro-San Juan de Limay, La Mina-La Trinidad y abrigos y rocas grabadas en La Sirena-El Tamarindo-La Trinidad.
Otra fuente para conocer el origen y cultura de las poblaciones de Las Segovias. En un estudio realizado por el arqueólogo Bayardo Gámez en su obra Antecedentes histórico-culturales del Municipio de Condega (1995), se registran toponimias con uso de prefijos y sufijos nahoas, mískitu, y sumu. Algunas toponimias de origen mískitu registradas en la cartografía actual podrían tener su origen en las constantes incursiones de este pueblo en la región de Las Segovias, más aún si se toma en cuenta de que durante la administración británica sobre la llamada Costa de la Mosquitia, contó con aliados mískitu para realizar las incursiones en el centro-norte del país.
Algunos autores, como Íncer en su obra Nicaragua: Viajes, Rutas y Encuentros 1502-1838 (1993), afirman que la actual región de las Segovias era conocida como la Taguzgalpa y la Tologalpa y que sufrió su cambio de nombre con la llegada de españoles originarios de Segovia, España, ávidos por encontrar oro y otras riquezas en la región. La fuerza de trabajo utilizada en los trabajos de minería fue de origen indígena y africano, lo que explica la presencia de los rasgos fenotípicos de la población negra de Condega y Pire. Los españoles tuvieron un comportamiento fuertemente endogámico a fin de conservar su fenotipo, y es notorio hasta la fecha, observar la presencia de personas de color de piel blanca, cabellos rubios y ojos azules. No obstante, el mestizaje ha jugado su papel en la variedad de rasgos físicos de sus pobladores.
Los pobladores de las actuales comunidades indígenas de San Lucas y Mozonte declaran su pertenencia cultural al pueblo chorotega, pero no se ha podido contar con mayores evidencias, salvo algunos restos cerámicos del tipo Ulúa, que es un pueblo emparentado con pobladores del Lago Yohoa en el actual territorio de Honduras.
Zonas de gran altura también fueron utilizadas como puntos de control de comercio, migraciones y de protección, como es el caso de Teotecacinte, El Tisey, Tomabú, Cerro El Fraile, Andes de San Luis, Miraflor, Moropotente, Cebollal Arriba, La Trinidad, y San Nicolás.
Durante el período colonial, la presencia española se hizo sentir en poblaciones que hoy no tienen mayor importancia, sin embargo, restos arqueológicos y arquitectónicos muestran su importancia y poderío local. Este registro ha sido preparado por el arqueólogo Edgar Espinoza en su obra Arqueología de Las Segovias (1996), en donde afirma de la existencia de tres tipos de asentamientos. El más grande es el conocido como Las Tapias, en las cercanías de Somoto, a la orilla del río Coco –Segovia o Wanki-, en donde se localiza una escalinata que va desde los montículos hasta las orillas del río, así como la presencia de más de 120 montículos. El mediano es el del tipo San Diego-Condega con más de 60 montículos y pequeños como Cacaulí-Somoto, Los Calpules –Pueblo Nuevo.
En cuanto a la lengua castellana, valores y cultura colonial, se registra el uso de arcaísmos y la musicalidad en el habla, los usos y costumbres en el plano estético como el uso del cabello, vestimenta, utensilios domésticos, usos agrícolas, aperos de labranza, cacería y recolección.
La sal era un producto vital para la vida cotidiana de las poblaciones indígenas, la cual se obtenía ocasionalmente y en pocas cantidades de algunas plantas, pero de manera más importante se obtenía del comercio y trueque con culturas del Pacífico y del Caribe de Nicaragua. Esta hipótesis se puede sustentar con el hallazgo de conchas y bivalvos marinos –de ambos mares- ubicados como ofrendas de enterramiento y rituales religiosos.
Los patrones de asentamiento urbano dominantes en mesoamérica son de tipo cuadrado y rectangular, sin embargo, hallazgos arqueológicos recientes dan prueba de la existencia de basamentos habitacionales circulares, dominantes en la cultura macro-chibcha provenientes del sur. También se han localizado necrópolis y basureros asociados a los asentamientos poblacionales. Los materiales utilizados encontrados en las viviendas son de piedra bolón, caña brava o caña de la cual se encuentran sus huellas-, soldado con lodo del tipo bajareque.
Durante el período colonial se encuentran ciudades como restos arqueológicos en Teotecacinte y Panalí. Entre las ciudades que han conservado su ubicación y han crecido –unas más que otras- se encuentran Ciudad Segovia –Antigua-, Palacagüina, Teotecacinte, San Fernando, Ocotal, Mozonte, Totogalpa, Somoto.
La alimentación de las poblaciones prehispánicas localizadas en Las Segovias estuvo situada en venado, cusuco, armadillos, chancho de monte, boa, guajolote, iguana, garrobo, cangrejos y caracoles, todos encontrados en los basureros de los asentamientos prehispánicos hasta ahora estudiados. Otras evidencias denotan el uso de alimentos como el maíz, pimiento, frijoles, calabaza, chile, tomate, cacao. De consumo no alimenticio, pero si de carácter ritual y estimulante, se registra el uso del tabaco nativo (Nicotiana tabacum).
En su vestuario utilizaron básicamente corteza de árboles y algodón silvestre y en sus tintes su utilizaron vegetales como el añil (Indigofera) y el brasil (Caesalpinia y Peltophorum).
La colonización y el mestizaje introducen modificaciones en el ámbito gastronómico, siendo en la actualidad un orgullo regional la producción de dulces, bebidas y alimentos. La frontera entre los alimentos de origen prehispánico y los derivados del mestizaje que se encuentra en la inserción de huevo, derivados de la leche y azúcar. como las rosquillas preparadas con maíz, manteca de cerdo, derivados de leche y dulce de rapadura. Los alimentos meramente autóctonos que aún se preparan son: la montuca -una forma de tamal preparada a base de maíz-, las bebidas como la chica de maíz, nancite, coyol, y el dulce de cacao.
En la vida cotidiana en la actualidad, aún se encuentran en uso algunos productos originales y artesanales procedentes de la resina y muebles de pino (Pinus oocarpa). Cestería con base en la fibra del tule (Cyperus canus) y de pita (Agave americana). Hilados rústicos de fibras de henequén (Agave fourcroydes). Y, petates con fibras de palma (Thrinax Morrisii).
Merece una especial atención la confección de objetos utilitarios y decorativos de barro, tuza (fibra de maíz), madera, cuero. Talleres importantes se encuentran en Ducuale Grande y Pire.
Sobre los usos y costumbres prehispánicas en la música y danza se han encontrado ocarinas y pequeños silbatos. Hoy en día se ha incorporado el guitarrón y el violín de talalate que, junto a la guitarra y la creatividad humana, comprenden el conjunto de actores, actoras e instrumentos protagonistas de la creación de la música vernácula, y de la recreación de sones y tonadas de origen europeo como la polka –de origen germano- y la mazurca –de origen polaco-.
La historia de lucha reporta batallas de resistencia contra los filibusteros, en Ciudad Antigua de la Nueva Segovia, en contra los marines norteamericanos a través de la gloriosa gesta del General de Hombres Libres Augusto C. Sandino y su Ejército de Hombres Libres y en contra de la dictadura con el apoyo de campesinos y poblaciones urbanas que al unísono lograron la liberación de los pueblos segovianos en 1979 y dieron paso a la Revolución Popular Sandinista. Estos acontecimientos dejan el alto el espíritu de identidad y rebeldía a las imposiciones externas y la fuerza de sus gentes por la identidad y visibilidad social de su cultura.
En la actualidad, la llegada de bienes de uso y consumo industrial han sustituido lentamente los usos y costumbres tradicionales, sin embargo sus pobladores se resisten y hacen valer el legado de sus ancestros.
Bibliografía citada:
Dávila Bolaños, A. (1990). Nicaragua Prehispánica. Estelí. Centro Nacional de la Medicina Popular Tradicional. CNMPT.
Espinoza, E. et al (1996). Arqueología de Las Segovias: una secuencia cultural preliminar. Managua. Dirección de Patrimonio Cultural. Instituto de Cultura.
Gámez. B. (1995). Antecedentes histórico-culturales del Municipio de Condega. Manuscrito.
Gámez. B. (2006). Entrevista sobre la cultura y tradiciones de Las Segovias. Manuscrito.
Gámez, B. (2003). Registro Arqueológico de los petroglifos de la cuenca del río Estelí. Estelí. ADESO Las Segovias y SINSLANI.
Íncer, J. (1993). Nicaragua: viajes, rutas y encuentros 1502-1838. Editorial Libro Libre.
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